Las calificaciones escolares han sido tradicionalmente utilizadas como un indicador del rendimiento académico. Sin embargo, la psicóloga Lisbeth Párraga advierte que su función “va más allá de medir conocimientos: deben reflejar el esfuerzo, la constancia y la responsabilidad del estudiante, no su valor personal ni su inteligencia”.
La especialista explica que las notas “permiten evaluar competencias educativas y preparar a los niños para adaptarse a las exigencias sociales”. Además, fomentan la autoexigencia saludable, pues enseñan que los logros provienen del esfuerzo y la disciplina, no de la búsqueda de la perfección.
Autoexigencia frente a perfeccionismo
Párraga señala que cuando los niños asocian el éxito exclusivamente con obtener un diez, se genera una carga emocional negativa. “El propósito de una nota no es alcanzar la perfección, sino reconocer las consecuencias del esfuerzo. Si estudio, el resultado será favorable, pero no debe ser una obsesión”, explica.
La especialista subrayó que las calificaciones fomentan la responsabilidad y la capacidad de superación, siempre que los adultos mantengan una visión equilibrada. Sin embargo, cuando los padres presionan para obtener resultados impecables, los niños desarrollan miedo al error, ansiedad y sensación de fracaso ante cualquier equivocación.
Comportamiento y habilidades sociales, parte del aprendizaje
Las notas no solo miden el conocimiento, sino también el comportamiento y la actitud del estudiante en clase. Aspectos como el respeto, la cooperación, el trabajo en equipo y la participación son fundamentales en la formación integral.
Según Párraga, valorar estas habilidades sociales prepara a los niños para el entorno laboral del futuro. “Un alumno que respeta los turnos, acepta decisiones grupales y colabora con sus compañeros está desarrollando competencias que serán esenciales como adulto”, destacó.
Identificar fortalezas y promover la autoestima
Otro aspecto clave de la evaluación escolar es reconocer las fortalezas individuales. Cada estudiante tiene áreas en las que se desempeña naturalmente mejor. Identificar y potenciar esas habilidades fortalece la autoestima y motiva a mejorar en materias más difíciles.
Los docentes y padres deben promover un enfoque que reconozca el esfuerzo en lugar de castigar el error. “Las notas no definen al alumno. Es fundamental valorar las capacidades personales y mantener la motivación mediante actividades que representen retos alcanzables”, señaló la psicóloga.
Emociones y entorno: factores que influyen en el rendimiento
El rendimiento escolar está estrechamente relacionado con el estado emocional del niño. Situaciones familiares como separaciones o conflictos pueden afectar su desempeño académico. Además, el estilo de enseñanza del docente influye directamente: un maestro empático y motivador favorece mejores resultados que uno autoritario o distante.
“La empatía docente y el apoyo emocional son claves para que el aprendizaje sea real. Un alumno emocionalmente afectado difícilmente podrá rendir igual que uno estable”, indicó la especialista.
La presión de los padres y la herencia del perfeccionismo
Uno de los principales problemas señalados es la presión que los padres ejercen sobre los hijos para obtener buenas calificaciones. Según Párraga, esta exigencia refleja las propias inseguridades y expectativas adultas. “Vivimos en una sociedad donde se premia el éxito y se teme al fracaso. Los adultos transmiten esa carga a los niños, creyendo que solo ser sobresaliente garantiza el futuro”, explicó.
Cuando la exigencia se vuelve desmedida, puede tener efectos negativos en la salud física y emocional, como insomnio, ansiedad y estrés crónico. A largo plazo, estos niños pueden convertirse en adultos perfeccionistas e intolerantes al error, incapaces de disfrutar sus logros o aceptar fracasos naturales.
Más allá de las notas: inteligencia y habilidades múltiples
Párraga recuerda que el éxito no depende únicamente del rendimiento académico, sino de las inteligencias múltiples. Algunos niños pueden destacar en áreas artísticas, deportivas o sociales, aunque no obtengan las mejores notas. “El sistema educativo suele valorar solo las capacidades memorísticas, dejando de lado otros talentos que también son fundamentales para el desarrollo personal”, afirma.
Ejemplos comunes demuestran que estudiantes con notas promedio pueden alcanzar grandes logros en la vida profesional gracias a sus habilidades sociales, liderazgo y creatividad, aspectos que muchas veces pasan desapercibidos en el aula.
Consecuencias del modelo perfeccionista
El perfeccionismo inculcado desde la niñez puede tener consecuencias graves. Según Párraga, en la adultez puede derivar en trastornos de ansiedad, depresión o conductas autodestructivas, al asociar los errores con fracasos personales.
“Hay personas que no soportan equivocarse, que viven bajo una autoexigencia extrema. Esto puede generar frustración e incluso pensamientos suicidas, porque creen que fallar significa perderlo todo”, advirtió.
Recomendaciones para los padres
La psicóloga recomendó a los padres fomentar la motivación interna en lugar de la competencia. Es importante celebrar los esfuerzos y avances, no solo los resultados. También aconsejó respetar los tiempos de descanso y priorizar la salud emocional por encima de las notas.
“El aprendizaje debe ser un proceso placentero, no una fuente de estrés. Educar sin presión y con empatía permitirá formar adultos equilibrados, seguros y felices”, concluyó.